Pobre calidad y falta de importancia

Casi por casualidad me enteré de que hace unas semanas el Ministerio de Sanidad publicó en su página web una serie de contenidos relacionados con la alimentación saludable, ofreciendo información y recomendaciones al respecto. Están publicados en este enlace, en la página web del ministerio, de forma claramente visible:

Como ves, el contenido está organizado en cuatro apartados, dos de los cuales hacen referencia al conocimiento existente sobre alimentación y salud, “Alimentación, qué sabemos” y “Falsos mitos”. Un tercero habla de “Habilidades para comprar y cocinar”, con información y consejos sobre menús y raciones. Y en el cuarto, “Aspectos sociales de la alimentación”, se incluyen contenidos relacionados con lo que el propio título indica.

Como puedes imaginar, en cuanto tuve algo de tiempo, comencé a leerlo todo. Y debo decir que me decepcioné especialmente, porque lo que encontré no era riguroso y de mala calidad.

En cuanto a los contenidos relacionados con alimentación y salud, que interesan especialmente en este blog y en los más directamente relacionados con el Ministerio de Sanidad, la información es escasa, pobre y bastante desactualizada. Gran parte de este texto se basa en ideas y teorías de décadas de antigüedad e incluye declaraciones y recomendaciones muy cuestionables que no se basan en ninguna evidencia. Y donde no hay errores importantes, se añade poco valor.

Ciertamente no tiene el rigor ni la calidad que creo que debería ofrecer algo que represente a un ministerio, en un tema tan complejo y vinculado a la salud como es la alimentación.

A continuación he recopilado algunos de los fragmentos que considero menos precisos, literalmente copiados del propio sitio web. Para cada uno, incluyo una breve explicación crítica, así como enlaces a artículos y estudios relacionados.

Esta frase pretende ser particularmente importante porque es la primera de cinco pautas clave para seguir una dieta saludable:

Para empezar, se incluye la recomendación de “comer variado”, pero hoy, en un mundo con miles y miles de productos alimenticios a nuestra disposición, no existe evidencia científica mínimamente sólida que confirme que, en general y en las sociedades desarrolladas, La variedad es beneficiosa para prevenir enfermedades crónicas u obesidad. Por eso es una pauta que prácticamente ha desaparecido de las guías dietéticas (aunque estuvo ahí hace años), como expliqué en este artículo.
Si revisamos los estudios sobre el tema veremos que la variedad no es especialmente útil en términos de salud y, en el mejor de los casos, hay alguna evidencia (aunque rara) de que podría ser beneficiosa si se aplica sólo en alimentos considerados saludables. (artículo, estudio).

Por otro lado, la misma directriz también recomienda “adaptar los alimentos a la actividad que se realiza”, sin más explicaciones. Que significa exactamente? ¿Y cómo se hace eso?

Esta es otra de las cinco pautas clave, escrita de forma muy genérica y sin explicaciones. Es cierto que existe alguna evidencia que puede llevar a desalentar las cenas copiosas (artículo, estudio), pero ¿cuál es la evidencia de que los ayunos prolongados son negativos? De hecho, cada vez más estudios demuestran, por el contrario, que el ayuno intermitente puede incluso ser beneficioso (artículos, estudio). Además, ¿qué se considera "extendido"? ¿Algunas horas? ¿Varios días?

Esta es una observación bastante concreta y cuantificada. Pero en este caso, la evidencia vuelve a fallar. No hay evidencia de que sea beneficioso incluir siempre cereales en las comidas principales, por lo que sorprende que este sea el único caso en el que se especifica claramente incorporar un tipo de alimento a las comidas y las cantidades recomendadas.

Es cierto que existe mucha evidencia sobre la relación entre el consumo de cereales integrales y una mejor salud (artículo, estudio). Por tanto, a la hora de hacer una recomendación hay que hacerlo de forma explícita, dejando claro que nos referimos a cereales integrales. Sin embargo, en el texto este “matiz” queda en un segundo plano: “Deberías intentar consumirlos en toda su variedad.". El verbo "buscar" no concuerda con lo que dice la evidencia.
Por otro lado, no se incluye ninguna explicación adicional, lo cual sería muy bueno, porque hoy en día es muy difícil distinguir los cereales que son verdaderamente completos de los que no lo son (artículo, estudio).
Esta afirmación aparece en el apartado que habla de macronutrientes, particularmente carbohidratos. Y para ser estrictos, esto no es correcto. Existen ensayos que datan de décadas atrás en los que se comprobó que no existían diferencias significativas en la respuesta glucémica entre el azúcar (simple) y el almidón (complejo) (estudio, estudio). Lo que sí es evidente es la necesidad de seleccionar alimentos integrales y no procesados, que generalmente son ricos en fibra y otros nutrientes, lo que generalmente ralentiza la digestión.
Esas advertencias en el apartado de proteínas informándonos de los posibles peligros de comer “en exceso” (sin detallar qué se considera excesivo) también son viejas noticias. Se basan en enfoques simplistas e incorrectos (artículo, artículo, estudio). Actualmente, la mayoría de las recomendaciones dietéticas no establecen ingestas máximas de proteínas para personas sanas porque no hay evidencia de efectos adversos por ingerir proteínas más allá de las cantidades recomendadas.
Este párrafo lo encontramos en el apartado dedicado a “Falsos mitos”, que pretende “desmontar” el supuesto mito según el cual el pan no es saludable (además, ¿no sería más correcto hablar de “mitos”, ya que sec ?). Sin embargo, no hay evidencia que respalde los comentarios y recomendaciones incluidos, claramente favorables a comer pan y que parecen extraídos de las notas de prensa que sus responsables suelen enviar a los medios. Por el contrario, según los últimos estudios, el pan es el alimento que más calorías aporta a los españoles (estudio, estudio) y uno de los que más sal aporta (estudio).
Además, el pan elaborado con harina refinada, que consume la gran mayoría de la gente, es bastante pobre nutricionalmente y se asocia con más exceso de peso y otros posibles efectos negativos (artículo con estudios).
Por otro lado, como ocurre con otros cereales, hasta hace muy poco era prácticamente imposible encontrar en España pan integral “de verdad”, como os describo en este artículo.
Pues no, no hay evidencia de que “lo ideal” debamos hacer cinco comidas al día. Los estudios no han encontrado una relación clara entre la cantidad de comidas y una mejor salud. Y la poca evidencia disponible sugiere que podría ser mejor comer menos comidas al día (artículo, artículo, estudio, estudio).

No más explicaciones, no más ausencias.

Como mencioné antes, además de estas declaraciones y recomendaciones cuestionables, el resto del texto tampoco aporta mucho valor. De hecho, hay otras secciones que, en mi opinión, ofrecen contenidos que, más que informar, pueden incluso despistar a los potenciales lectores. Comenzando con las cinco recomendaciones clave, no creo que ningún país haya priorizado una selección similar entre sus principales recomendaciones dietéticas. Además, el segundo dice “Ten en cuenta siempre el tamaño de las porciones, ya que es otra de las claves de la nutrición”. que es otra de las claves", sin entrar en más detalles. ¿Pretende decirnos que deberíamos intentar reducir las raciones? ¿Y por qué no lo dice más claro? No hay otras explicaciones, pero si realmente es así Importante, ¿cómo saber cuál es el tamaño de porción ideal para cada alimento o comida?
Otro ejemplo: en este apartado se habla de las diferentes pirámides alimenticias y “platos saludables” que han existido en Estados Unidos y se mencionan tres pirámides actuales de origen español. Pero, aunque tienen diferencias visibles, no son analizadas, ni comentadas, ni evaluadas, por lo que el lector no sabrá qué hacer con ellas ni cuál elegir.
En otro apartado titulado “Adaptar recetas para hacerlas más saludables” se dan consejos para cocinar de forma más saludable. Y casi todos ellos están relacionados con la reducción de la cantidad de grasa utilizada. Sin embargo, según los estudios más recientes, el consumo de grasas totales no se asocia con una peor salud, por el contrario, su consumo está relacionado con un menor riesgo de mortalidad (artículo, estudio). Por tanto, no parece que la cantidad de grasa utilizada durante la cocción sea el factor prioritario a tener en cuenta para mejorar nuestra salud.
Por otro lado, cabe señalar que en ningún momento ni en ningún apartado está claro y es prioritario limitar los alimentos ultraprocesados. Una recomendación que aparece cada vez más en las guías dietéticas, ya que constantemente se acumulan evidencias que relacionan su consumo con una peor salud (artículo, estudio, estudio).

Al final la intención fue buena, porque, inexplicablemente, no disponemos en España de una guía oficial con recomendaciones dietéticas para optimizar la salud, actualizada en base a la evidencia científica. Pero hay mucho que mejorar.

Un Ministerio de Salud debería ofrecer contenidos a otro nivel.

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